Historia
 
 
 
 

PATRIMONIO NATURAL: LAS LAGUNAS Y HUMEDALES EN LA

SUBCOMARCA DE BAENA–LUQUE (Córdoba)

José Naranjo Ramírez (1)

Universidad de Córdoba

INTRODUCCIÓN

      Invitado por D. Luis M. Serrano López a colaborar con la Revista ITUCI, la aceptación me apetecía en cuanto que se trataba de escribir en la Revista del que fue el centro en que me “estrené” como docente: el Instituto de Baena. Y entre las diversas temáticas que estuve barajando para esta colaboración, finalmente me he decidido por abordar un tema que, aunque multidisciplinar, tiene un claro componente territorial y geográfico: el del significado e importancia de las lagunas y humedales en el territorio de Baena y Luque.
      Soy consciente de que es ésta una cuestión en la que mis posibilidades de aportar resultados originales y propios son bastante escasas, aspirando como mucho a realizar una síntesis ilustrativa del tema y, sobre todo, a colaborar en divulgar, entre un colectivo lector en el que presumo la existencia de un número alto de jóvenes alumnos de bachillerato, la importancia y la alta significación (de todo tipo: geográfica, ecológica, paisajística y patrimonial), que las llamadas zonas húmedas tienen en la actualidad. Y en todo caso, y como reflexión conclusiva, no tengo la menor duda de que el contenido de estas líneas se adapta perfectamente al carácter que la Revista ITVCI proclama en su portada: Revista de Difusión Cultural de Baena y su Comarca.
      Por otra parte, no es ajeno a esta opción mi propósito de que estas líneas sirvan, además, de homenaje al que reconozco como mi maestro en la Geografía y, cada vez más, como una referencia fundamental tanto en el ámbito profesional como en el personal: el Prof. Dr. Antonio López Ontiveros.
      Los que nos reconocemos como sus discípulos, proyectamos que nuestro testimonio de gratitud y respeto quedaría plasmado en las Actas de las II Jornadas de Historia de la Villa de Luque (2009), en las que nuestro maestro se preocupó de que estuviesen presentes los grandes temas de la geografía de Luque, abordados por él mismo y por algunos de los que nos reconocemos en su magisterio.
      Sin embargo, aquel esfuerzo investigador permanece en la ingrata sombra de algún cajón de concejal de cultura o, nos dicen, descansa olvidado en forma de galeradas o pruebas en alguna imprenta a la que no llegó la orden definitiva de empezar a imprimir.
      A la espera de que, más temprano que tarde, aquellos trabajos vean la luz, como adelanto y preámbulo de ese homenaje de gratitud y respeto hacia una de las personalidades intelectualmente más ricas que haya dado Luque, se redactan estas líneas.

LOS HUMEDALES. APROXIMACIÓN CONCEPTUAL

      Entre las múltiples definiciones de los “humedales” una primera aproximación entiende que son cuerpos de agua corriente o estacionaria, temporal o permanente, en los que el agua es un componente fundamental para el mantenimiento de la circulación de los materiales y la energía.
En el caso de los ríos esto incluye tanto al cauce principal, como a la llanura de inundación y sus paleocauces.
      Más elaborada quizá esté la definición que aporta la Convención RAMSAR2, que considera los humedales como zonas de la superficie terrestre que están temporal o permanentemente inundadas, reguladas por factores climáticos y en constante interrelación con los seres vivos que la habitan. Precisa por otra parte la misma Convención la enorme cantidad de situaciones diversas en que pueden materializarse los humedales, pues como tales se consideran a las grandes extensiones de marismas, pantanos, turberas o aguas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluyendo las extensiones de aguas marinas cuya profundidad en mareas no exceda a 6 metros. La propia Convención RAMSAR, asimismo, caracteriza a los humedales como cunas de diversidad biológica y fuentes de agua y productividad primaria, de los cuales innumerables especies vegetales y animales dependen para subsistir, siendo también importantes depósitos de material genético vegetal.
      Desde el punto de vista de su apariencia física, un humedal es una zona de tierras, con forma cuasi plana y suavemente cóncava, cuya superficie se inunda con las aguas de escorrentía y de la lluvia, aunque a veces también se nutre de manantiales propios; al no tener un sistema de drenaje fácil (habitualmente está cerrada por líneas de relieve de altitud superior), se propicia el encharcamiento prolongado, que puede ser permanente o intermitente, generalmente siguiendo el ritmo estacional de las lluvias. En estas condiciones se genera un ecosistema muy especial que se sitúa a mitad de camino entre los ecosistemas puramente acuáticos y los terrestres. Y consecuencia directa de esto último es que los humedales se encuentran entre los medios más productivos del mundo desde el punto de vista biológico (Otras muy variadas aproximaciones en: Babinger, 1987).
      Sin entrar a estudiar la diversidad de categorías y tipologías de humedales, el carácter distintivo de los mismos está en la escasa profundidad del nivel freático, con la consecuente alteración del régimen del suelo. La vegetación específicamente adaptada a estas condiciones reemplaza a las especies continentales autóctonas, creándose un ecosistema peculiar y original, con una fauna específica, diferenciada claramente de la que en el entorno más próximo se desarrolla. En definitiva –insistimos en ello– estos ecosistemas acaban conformando áreas con una capacidad de generación y mantenimiento de vida verdaderamente espectacular, y suponen un factor de diversidad ecológica y la ruptura –a veces sorprendente– respecto a los paisajes circundantes, en los que frecuentemente la monotonía agrobiológica es la constante.
      Pero además de este factor de diversidad ecológica y paisajística, los humedales brindan importantes beneficios; de modo general, los humedales colaboran en el control de inundaciones, reposición de aguas subterráneas, estabilización de costas, protección contra tormentas, retención y exportación de sedimentos y nutrientes, mitigación del cambio climático, depuración de las aguas y reservorio de biodiversidad. Además, en determinadas situaciones, se convierten en aportadores de productos alimenticios y utilitarios, tales como frutas, pescados, crustáceos, animales silvestres, resinas, maderas de construcción, leña, cañas para construcción, forraje para animales, etc. Todo esto no es óbice para que exista toda una tradición según la cual los humedales son percibidos como un problema; considerados espacios improductivos, fue un objetivo durante mucho tiempo eliminarlos, normalmente por desecación o por relleno artificial con sedimentos transportados desde otro lugar.
      Por último conviene precisar que los humedales no son, hoy por hoy, realidades completamente naturales, pues en ellos intervienen no sólo factores naturales, sino que igualmente tienen un elevado componente de intervención humana. Su funcionamiento correcto y el cumplimiento de sus funciones depende, por tanto, de la existencia de un entendimiento entre las partes involucradas, considerando como tales tanto a las características propiamente ecológicas como a las actividades humanas.

LOS HUMEDALES DEL SUR DE CÓRDOBA EN LA SUBCOMARCA DE BAENA–LUQUE

      La realidad de los humedales, con todo el sentido y significación que antes le hemos adjudicado, están también presentes en la que podíamos considerar subcomarca campiñesa de Baena–Luque; incluso podríamos referirnos a realidades parecidas en otros municipios del mismo entorno (Zuheros, Doña Mencía…) si bien al tratarse de territorios que en su mayor parte forman parte de la Comarca de las Sierras Subbéticas, no quisiéramos mezclar los ejemplos campiñeses con otros que pudieran formar parte de la amplia gama de formas kársticas elaboradas sobre las calizas cretácicas. No corremos ese peligro al incluir a Luque en nuestro estudio, pues por más que en su término municipal se integra un importante retazo de las moles calizas subbéticas, esta población posee todavía un representativo espacio con claro carácter alto–campiñés.
      No nos cabe la menor duda que, además de estas lagunas que presentamos en la relación precedente, en el pasado habrán existido otros muchos ejemplos, posiblemente de menor magnitud, que en la larga trayectoria de nuestro pasado histórico habrán desaparecido impulsadas por la acción humana, ya sea mediante relleno con materiales transportados hasta el lugar, ya mediante la apertura de líneas de drenaje que, dando salida al agua, eviten el encharcamiento.
      En cualquier caso lo que parece evidente es que la gran protagonista de los humedales que estamos considerando es la Laguna del Conde o “del Salobral”, ubicada en término de Luque.

LA LAGUNA DEL CONDE O “SALOBRAL”

      Su significación preeminente supera ampliamente el ámbito municipal en el que nos venimos moviendo (Baena–Luque) y, en muchos aspectos, afecta al conjunto completo del espacio natural protegido integrado por las Lagunas, Humedales y Reservas Naturales del Sur de Córdoba.
      Eso ocurre, por ejemplo, en cuanto a la superficie de su cubeta (46 ha.), la más extensa del conjunto; e igualmente ese liderazgo lo ostenta en cuanto a la superficie de la cuenca que en ella vierte sus aguas (1.135 ha.) igualmente la más extensa. Abundando más, es sin duda la mayor laguna de la provincia de Córdoba y una de los mayores humedales continentales de Andalucía.
      Quizá le resta parte del protagonismo que en todos estos aspectos le corresponde el no ser una lámina de agua permanente, pues es obvio que su carácter de humedal temporal–estacional le supone una desventaja en lo que se refiere a su capacidad biótica, su potencialidad de generar, albergar y mantener esas formas de vida unidas indisolublemente a las zonas húmedas. Pero, globalmente, todas las razones aducidas justifican sobradamente que le dediquemos una atención preferente.
      En cuanto a su tipología, la laguna del Salobral es un ejemplo clarísimo de humedal que se constituye en una depresión formada sobre un sustrato triásico, en el que se han dado la mano los procesos morfogenéticos kársticos (disolución de yesos y sales del Keuper) con otros de carácter aluvial. En relación directa con aquellos materiales está el grado de salinidad de sus aguas, que varía ostensiblemente hasta el extremo de poder pasar de concentraciones hiposalinas (en momentos de mayor acumulación de agua) a hipersalinas en los momentos de estiaje.
      Según J. L Moya (1986), uno de nuestros más prolíficos investigadores, éste fue uno de los humedales más antiguos y profundos de los del Sur de Córdoba, llegando a alcanzar hasta veinte metros de profundidad. Hoy, sin embargo, tras una sucesión de procesos aluviales muy intensos, es un humedal muy somero (máxima profundidad 1,20 m.), que se alimenta fundamentalmente por escorrentía superficial del agua recogida en su amplísima cuenca de recepción, si bien ello no descarta igualmente otras aportaciones, tales como aguas subterráneas mineralizadas y aportes estacionales procedentes del arroyo Carrascón.

Datos básicos de la Reserva Natural Laguna del Salobral
Denominación
Altitud (m)
Superficie cubeta (ha)
Superficie cuenca (ha)
Hidroperiodo
Grado de salinidad
Laguna Salobral
420
3,00
173,58
Temporal estacionar
Hiposalina-hipersalina
Fuente: Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de las Zonas Húmedas del Sur de Córdoba (2011).
Humedal más significativo del término municipal de Luque
Término Municipal
Denominación del humedal
Coordenadas X
Coordenadas Y
Luque
Reserva Natural Laguna del Conde o del Salobral
393.727
4.159.817

      De acuerdo con el ciclo hidrológico inducido por el clima mediterráneo, las épocas de altas aguas se corresponden con el otoño y, con mayor seguridad, a finales de invierno y primavera. Por supuesto que la época de menor nivel de la lámina de agua coincide con el verano, momento en que, en años secos, puede llegar incluso a la práctica desecación.
      La vegetación, en correspondencia con el carácter hipersalino que en determinados momentos tienen sus aguas, se compone de plantas halófilas, tales como los tarajales (Tamarix canadiense y en menor medida Tamarix africana), que no llegan a conformar masas de densidad alta; se acompañan de un pastizal también halófilo de gramíneas (Polypogon maritimus, Hordeum marinum, Cressa crética, etc…) y de la presencia igualmente de carrizos y castañuelas. En la medida que se va produciendo la desecación de la laguna en los momentos de mayor déficit hídrico, aparecen las salicornias, de característico color rojizo. Completan el panorama la presencia frecuente de densas praderas de hidrófitos que llegan a componer una importante biomasa.
      Pero esta situación contrasta con la que existió en etapas históricas anteriores, momentos en que se reconoce en el lugar y en el entorno la presencia de una vegetación mucho más rica y variada, con un potente bosque mediterráneo (con encinas de gran porte y lentiscos semiarbóreos), en el que habitarían las especies animales emblemáticas de estos ecosistemas. De esta situación da buena cuenta el Libro de la Montería de Alfonso X, que confirma la presencia hasta al menos el s. XIII de jabalíes, lobos y osos (López Ontiveros et al., 1991).
      Esta situación es compatible con el hecho de la práctica de una agricultura bien temprana en el lugar (posiblemente desde el mismo Neolítico), práctica que empezaría por el desbroce del matorral para lograr calveros donde sembrar para el autoconsumo, y continuaría por un progresivo desmonte cuyo resultado será la conversión de determinadas zonas del paraje en una gran dehesa (la Dehesa del Salobral). La progresiva expansión de los cultivos de cereales, olivos y viñas nos presentan ya en época musulmana una actividad agraria bastante consolidada, continuando después la tarea de progresiva eliminación de la vegetación natural y la total conversión de aquel espacio natural en un espacio agrarizado. De la organización de esta actividad agraria da buena cuenta la aparición de asentamientos rurales significativos como el Cortijo de la Laguna y el Palacio del Salobral.
      Y como no podía ser de otro modo, llegado el s. XVIII–XIX empieza a plantearse –en el contexto de la consideración de estos espacios como inútiles– la posible desecación, uno de cuyos primeros intentos está fechado en 1829 (Arjona y Estrada, 1977); para ello se procedió a la cesión de la laguna (que pertenecía a los bienes de propios) al Conde de Luque, resultando el intento fallido y retornada al Ayuntamiento la titularidad del humedal. Otros proyectos similares están constatados en 1869, momento en que el argumento fundamental son los perjuicios para la salud pública que ocasionaban las zonas pantanosas, en 1880, en 1897 y en 1902 (Torres Esquivias, 2004).
      Como es de suponer, todos estos episodios van acompañados del progresivo deterioro de la laguna y de la vegetación de su entorno. Junto con estas agresiones físicas directas, otro factor determinante del deterioro del humedal es su situación en un entorno totalmente cultivado, rodeado en su práctica totalidad por olivar y cereal de secano. Ello ocasiona unos arrastres de material sólido que acaban depositándose en la cubeta, y que han sido los causantes directos de la pérdida de profundidad de la laguna e, incluso, de la conversión de lo que sería una laguna permanente en la actual, cuyas aguas siguen un ritmo estacional, llegando incluso a la desecación.
      Igualmente fue un hecho muy impactante la presencia de la ganadería caprina que, históricamente, pastaba libremente en la laguna y en sus inmediaciones, liquidando prácticamente cualquier muestra de vegetación perilagunar que allí pudiera generarse; en este sentido, una visita realizada en 1980 constataba la presencia de los cultivos hasta los mismos límites del agua y la práctica inexistencia de una sola mata de taraje o de cañas (seguimos el relato de Torres Esquivias, 2004, donde se resume una valiosísima síntesis de su casi enciclopédica obra sobre los humedales de Córdoba ).
      Otro reto con el que tuvo que coexistir este espacio lagunar es el de la actividad cinegética sobre las aves acuáticas, hasta el punto de que en 1980 se creó un coto de caza (“Los amigos”) que incluía dentro de sus límites toda la Laguna del Salobral.
      La reacción ante este progresivo deterioro del humedal vino paralela al crecimiento en España de la conciencia ambiental, en proceso de maduración en la década de 1970, y que en nuestro caso se materializó en la aparición de colectivos de mentalidad proteccionista (“Amigos de la Malvasía”, por ejemplo). Y en la siguiente década esta conciencia ambiental traspasó los límites de lo emotivo y testimonial para convertirse en realidad jurídica, con una apuesta valiente y ambiciosa por parte del Gobierno Regional de Andalucía, que declaró un conjunto de Espacios Naturales Protegidos que, como no podía ser de otro modo, afectaba al Salobral. En concreto en Octubre de 1984 la laguna fue declarada “Reserva Integral”, con lo cual se inicia una nueva etapa en la que se invierten las tendencias y comienza una fase de recuperación frente a la anterior de progresivo deterioro.
      Sin entrar en un detalle exhaustivo, aspectos en los que la ganancia de calidad ambiental ha sido evidente son, por ejemplo: la regularidad progresiva en el mantenimiento de la lámina de agua (en 1998 se alcanzó una profundidad máxima de 2,38 m., comportándose durante un trienio como un humedal de aguas permanentes); el aumento de la avifauna y su variedad fue más que evidente (entre 1997 y 2011 anidó y se reprodujo la malvasía cabeciblanca, naciendo en el Salobral 57 polluelos; progresivamente se recuperó el cinturón perilagunar de cañas y tarajes, lo que ha constituido el mejor remedio para el relleno por aportes excesivos de arrastres erosivos, etc.

NOTAS

(1) De la Real Academia de Córdoba. Presidente del Patronato de las Reservas Naturales, Lagunas y Humedales
del Sur de Córdoba.
(2) Nos referimos a La Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas, conocida en forma abreviada como Convenio de Ramsar. Firmada en la ciudad de Ramsar (Irán) el 2 de febrero de 1971, entró en vigor el 21 de diciembre de 1975. Su principal objetivo es «la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones locales, regionales y nacionales y gracias a la cooperación internacional, como contribución al logro de un desarrollo sostenible en todo el mundo» (Convención RAMSAR).