Historia – Guerra Civil
 
 
 
 

APROXIMACIÓN AL ESTUDIO DE LOS ATAQUES AÉREOS SOBRE LUQUE –CÓRDOBA- DURANTE LA GUERRA CIVIL (1936-1939)

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Luis Miguel Serrano López
IES Luis Carrillo de Sotomayor

INTRODUCCIÓN

        Como es sabido, la Guerra Civil Española de 1936-1939 fue uno de los acontecimientos internacionales más significativos anterior a la Segunda Guerra Mundial y, desde el punto de vista historiográfico, sobre los que más se ha escrito, y pese a ello, todavía existen muchos aspectos desconocidos sobre el mismo. Esto ocurre especialmente en lo que atañe a la microhistoria, que nacida como disciplina de la historia social nos permite una gradación que posibilita nuevas interpretaciones que pasarían desapercibidas a gran escala, es el estudio concreto de sucesos contextualizados lo que nos ayuda a apreciar la verdadera dimensión del desarrollo del conjunto de los acontecimientos históricos. Es en este ámbito donde se ubica la aportación del presente artículo a la  pequeña historia local, y ello, centrándome en unos hechos que fueron puntuales para el ámbito geográfico al que se ciñe, es decir, los ataques aéreos que se produjeron en la población cordobesa de Luque entre 1936 y 1939, durante la contienda que en aquellos años arrasó España.
        El uso de la aviación como arma bélica tuvo su punto de arranque pocos años después de que en 1903 los hermanos Wright construyesen el primer avión de la historia. Ya en 1913 fue utilizado por las tropas españolas para bombardear a las cabilas rebeldes en el Protectorado español de Marruecos.(1) Pero la idea de usar aquellos precarios aviones para bombardear no era propia, sino que había sido copiada de otros ejércitos como el italiano, aunque a su vez, el uso de aparatos voladores para atacar al enemigo era algo mucho más antiguo y a modo de ejemplo podríamos citar el uso de globos con idéntico fin durante la Guerra de Secesión Americana (1861-1865).(2) Sin embargo, no fue hasta la Primera Guerra Mundial (1914-1918) cuando se produjo un extraordinario y acelerado desarrollo de la aviación militar, pese a lo cual, sólo jugó un papel secundario en aquel conflicto, alcanzando algo de relevancia ya al final de la contienda, en que mostró sus enormes posibilidades de desarrollo tanto para el ámbito militar como para el civil, y tanto es así, que pocos años después aparecían las primeras compañías aéreas dedicadas al transporte de mercancías y pasajeros, y tenían lugar los grandes vuelos de la historia entre los que destacó el célebre vuelo llevado a cabo, en el hidroavión español Plus Ultra, por los pilotos Ramón Franco y Julio Ruiz de Alda, que cruzaron el Atlántico Sur en 1926 uniendo Palos de la Frontera con Buenos Aires, los 10.200 Km en algo menos de 60 horas de vuelo.
        En la España de 1936, a pesar de la reforma militar de Azaña, el desarrollo de la aviación era muy escaso, y en la esfera castrense aún no se había constituido un Ejército del Aire independiente, estando organizada como Dirección General de Aeronáutica adscrita a la Presidencia del Gobierno y siendo su Director el malogrado cordobés Miguel Núñez de Prado. Siendo precarias sus fuerzas, cuantificadas en menos de doscientos aviones (unos 50 cazas, 100 unidades de reconocimiento y otros 30 susceptibles de transformarse en bombarderos o como transporte de tropas) con aparatos en reparación, desarmados o muy desgastados divididos en Aviación Militar y Aviación Naval, que respectivamente dependían del Ejército de Tierra y de la Armada.(3) Y sin embargo, la aviación iba a jugar un papel de crucial importancia en los acontecimientos que estaban por devenir. En este sentido, de enorme trascendencia para la historia de España, fue el traslado del general Franco a bordo del Dragón Rapide desde las Islas Canarias hasta el Protectorado de Marruecos para ponerse al frente de las tropas que se habían sublevado contra el gobierno de la Segunda República, y con las que inició el primer puente aéreo de la historia al trasladarlas a la Península a bordo de aviones.(4)
            La división de España, en sublevados y gubernamentales, también supuso la división de las fuerzas aéreas, contando los segundos con una clara superioridad en los primeros momentos del enfrentamiento, que pronto fue eliminada con la llegada al bando sublevado de modernos aparatos procedentes de Alemania e Italia, mientras la URSS, y en escasa medida Francia, hacían lo propio con el bando republicano.(5)
            Conforme avanza el conflicto, la lucha aérea y desde el aire, asume un papel que iba a resultar, si no crucial para la resolución, sí de primer orden en muchas de las batallas que se libraron, entre ellas, la psicológica y  propagandística. Sin olvidar que la Guerra Civil sirvió de campo de pruebas de nuevas armas, técnicas, tácticas, etc., que  luego se emplearon, mejoradas y a punto, de forma masiva durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Así ocurrió con el uso de los bombardeos aéreos como paso previo a lanzar ofensivas, para frenar rápidamente los ataques del enemigo, o atacar objetivos alejados de los frentes, con o sin valor estratégico, para debilitar la moral del enemigo.
            La importancia histórica y bélica de los ataques aéreos, bombardeos y ametrallamientos, que se produjeron en Luque (Córdoba) entre 1936 y 1939, resulta menor si no tenemos en cuenta el contexto en el que se produjeron, pero cobran sentido y valor al analizarlos dentro del campo de actuación del Frente Sur cordobés, y a su vez nos permiten estudiar  la evolución del arma aérea y su uso a lo largo de la contienda.

INICIO DEL CONFLICTO Y PRIMERAS ACCIONES DE LA AVIACIÓN EN EL ÁMBITO CORDOBÉS

        Desde la tarde del 18 de julio de 1936 numerosas fuerzas militares, con apoyo de civiles, se fueron sublevando por toda España contra el gobierno de la Segunda República.(6) En la provincia de Córdoba, con la capital a la cabeza donde el coronel Cascajo firma el bando de guerra a las cuatro de la tarde siendo remitido a las respectivas comandancias de la Guardia Civil, triunfa la sublevación en dos de cada tres localidades, pronto auxiliadas y reforzadas por las tropas enviadas desde la capital y Sevilla, aumentando en pocas semanas los pueblos del lado rebelde en un avance sólo  frenado en el norte de la provincia y en los límites de ésta con la de Jaén, donde el llamado “alzamiento” había fracasado estrepitosamente y  milicias progubernamentales habían sido enviadas para detener el avance rebelde en Córdoba, e incluso intentar tomar la capital al ser reforzadas con la columna del general Miaja llegada desde Madrid.(7)
        Para diciembre de 1936 el frente cordobés se había consolidado y, en su mayor parte, el centro y el sur, iban a quedar casi inalterables hasta el final de la contienda.(8)
        En la población de Luque triunfó la sublevación desde el primer momento, pero su término municipal quedó parcialmente dividido por el frente de guerra, situándose el este del mismo en zona republicana y quedando el resto bajo control de los rebeldes autodenominados nacionales.(9)
         Durante toda la contienda estuvo Luque en primera línea de guerra, pero en un frente secundario que apenas experimentó hechos de armas destacables a excepción de alguna  rectificación de líneas como la llevada a cabo en mayo de 1938 por los nacionales. La guerra decisiva se libró en otros frentes, y como en tierra, aquí los ataques aéreos fueron puntuales, de poca intensidad y con escasas repercusiones humanas y materiales, a diferencia de lo ocurrido en poblaciones cercanas como Cabra o Baena donde los daños fueron  mucho mayores y hubo gran cantidad de muertos y heridos, fundamentalmente entre la población civil.(10)
         El primer bombardeo aéreo en tierras cordobesas tuvo lugar el 25 de julio de 1936 y fue llevado a cabo sobre la barriada de Alcolea por aviones republicanos procedentes de Andújar (Jaén), y que, en sus primeras acciones, utilizaron bombas de mano, granadas de mortero y proyectiles de artillería modificados. Y a partir del día 29 de julio entraron en acción los primeros aparatos rebeldes enviados a Córdoba desde el aeródromo sevillano de Tablada.(11)
         En el caso republicano se utilizaron varios anticuados Breguet XIX y Nieuport 52, y en el nacional se contó con un Nieuport 52 de las mismas características que los anteriores, y un Douglas DC-2.(12)
        Ya en el mes de agosto sobrevoló el cielo cordobés un moderno, pero poco eficaz, Potez francés, procedente de los aeródromos republicanos de Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real), de Málaga e incluso en el caso de los Breguet XIX, desde un aeródromo avanzado que los republicanos construyeron en El Carpio. También hicieron su aparición tres aparatos italianos, Fiat CR-32 (llamados Chirris), llegados a Córdoba desde Tablada y procedentes de Melilla. Además, los nacionales también utilizaron en aquellos primeros meses, una avioneta Moth y otra Fairchild.(13)
        A partir de noviembre llegaron, para reforzar a los republicanos, los primeros bombarderos soviéticos Tupolev SB-2, también llamados Katiuskas o Sophia, que operaban desde Sisante (Cuenca) o Liria (Valencia), los Polikarpov LN o Natachas, etc.,  mientras el otro bando recibía aparatos alemanes como los Junkers 52, los Heinkel 51  y otros, que operaban principalmente desde Sevilla.(14)
         Fueron precisamente los Katiuskas del Grupo 12 procedentes de Liria (Valencia) los que llevaron a cabo el día 1 de abril de 1937 el bombardeo más intenso que sufrió Córdoba en toda la guerra. En él murieron más de treinta personas y que fue seguido en represalia, por el bombardeo nacional de Jaén que aquella misma tarde provocó 155 muertos.(15)
         Desde el otoño de 1936 la aviación nacional dominaba los cielos cordobeses, pero pese a ello, nada pudieron hacer para  evitar el bombardeo republicano de Cabra del 7 de noviembre de 1938 en el que murieron al menos 109 personas,(16) ni tampoco otros muchos que fueron frecuentes contra posiciones nacionales del frente y la retaguardia cordobesa entre los meses de octubre y diciembre de 1938, y que se encuadran en el contexto de preparación de la ofensiva republicana de Peñarroya-Valsequillo que en el mes de enero de 1939 se convirtió en la última gran batalla de la Guerra Civil.(17) Sin embargo, las acciones naciones fueron más constantes y además, prácticamente, cada ataque aéreo republicano en la zona fue seguido de la posterior represalia de la aviación nacional como bien dejan patente los partes de operaciones y los historiales de las divisiones de uno y otro bando que operaron en el sector de Luque.(18)
         Para Patricio Hidalgo Luque, los bombardeos republicanos de los primeros meses de la guerra fueron bastante indiscriminados y alejados de los objetivos militares, y ya a partir de 1937 los ataques fueron más estratégicos y selectivos, aunque con poca efectividad, llegando a afirmar este autor que: “Los bombardeos rara vez alcanzaron sus objetivos, posiblemente por la necesidad de volar alto para eludir la defensa antiaérea y por lo limitado de los visores de bombardeo de la época.”(19) Para el historiador Francisco Moreno Gómez la aviación republicana “a la que se solía llamar La Invisible”, brillaba por su ausencia en los cielos cordobeses. Y además, y a diferencia de lo que sostiene Patricio Hidalgo sobre la evolución de los ataques de la aviación republicana, para Moreno Gómez los bombardeos naciones en 1937 fueron más tácticos, mientras que en 1938 se volvieron más indiscriminados y se intensificaron contra la población civil con el objetivo de desmoralizar. Es decir, se produjo una evolución inversa en la manera e intensidad de atacar de ambas fuerzas aéreas.(20) Sin embargo, en ambos casos debemos tener en cuenta que las zonas rurales, mayoritariamente, carecieron de defensas antiaéreas, siendo este el caso de Luque pese a estar toda la contienda en primera línea y contar con la presencia constante de tropas nacionales, así como poseer objetivos estratégicos como era que transcurriese por su término, y atravesando el frente, la actual Nacional 432 que unía y une Córdoba con Granada, o la existencia de una estación de ferrocarril en pleno frente y a medio camino en la línea férrea Linares-Puente Genil adentrada directamente en el corazón de ambas zonas, y que convertía al municipio de Luque en un objetivo militar de cierta importancia estratégica, y por tanto, susceptible de sufrir los rigores de la guerra, y cómo no, entre ellos, de los ataques aéreos.

ATAQUES AÉREOS EN LUQUE DURANTE LA GUERRA CIVIL.

        Hasta el momento, se desconoce el número exacto de ataques aéreos que se produjeron en Luque entre 1936 y 1939, tanto sobre la población como sobre las diferentes posiciones que ocuparon las tropas de ambos bandos a lo largo de un extenso frente que serpenteaba por toda la zona oriental de su término municipal.
        He podido verificar, que se produjeron al menos seis, aunque estoy convencido de que fueron algunos más, pero que aún están por descubrir y estudiar debido a que la documentación en la que pueden ser localizados no ha sido accesible hasta fechas muy recientes.(21)
        El primer ataque aéreo sobre Luque del que tengo constancia tuvo lugar el 21 de diciembre de 1936 en plena Campaña de la Aceituna,(22) nombre que se le dio a la ofensiva que desde el día 15 de diciembre lanzaron los nacionales sobre la Campiña oriental y meridional cordobesa con dos grandes columnas que partieron desde Baena y
la propia capital. Ese mismo día, los atacantes ocuparon Albendín, el día 19 hicieron lo propio con Cañete de la Torres y Valenzuela, y al día siguiente conquistaban Bujalance y seguían avanzando, frente a una débil oposición, hacía la provincia de Jaén.(23) Para intentar frenar aquella ofensiva de los nacionales,  el ejército republicano, además de intensificar las operaciones aéreas, dentro de las cuales estuvo el ataque sobre objetivos nacionales en Luque, también envió a la XIV Brigada Internacional que con un gran esfuerzo en vidas logró, varios días después, estabilizar el frente en una línea que de norte a sur recorría los términos de Montoro (Córdoba), Porcuna (Jaén), Lopera (Jaén), Valenzuela (Córdoba), Albendín (Baena –Córdoba-) y finalmente Luque (Córdoba).(24)
        Hasta el momento, no he podido concretar dónde se produjo aquel bombardeo, pero dado que en aquellos días ocurrió la conquista de Albendín desde Baena, y que a medio camino entre ambas localidades los nacionales habían fortificado los cerros baenenses de El Portichuelo y Cifuentes que controlaban la carretera de Albendín, y los oteros luqueños de Juan Martín, La Burbana, Peñillas, San Antón o Las Cabezas justo frente a las posiciones republicanas más avanzadas que se situaban en las lomas de El Doncellar (Baena), y El Caballo, Calderilla, La Asomada, La Laguna o el Cerro de la Cruz todas estas en Luque, dicho bombardeo republicano debió de producirse  en esa zona que en aquellos días experimentó un trasiego continuo de tropas que se dirigían a luchar en el frente o a reforzar esas posiciones adelantadas, y es más, concretando,  por su cercanía a la carretera de Baena a Albendín (actual CV-224), por la que avanzaron tropas nacionales y, se enviaron refuerzos y pertrechos de forma continuada, quizás dicho ataque debió de centrarse contra las posiciones nacionales cercanas a esta carretera, es decir, La Burbana y Cerro Juan Martín, que a su vez controlaban el cruce de las actuales CV-114 y CV-104 que unían Luque con Albendín,  cuyo tránsito era interrumpido por los republicanos desde su posición de El Doncellar que estaba a poco más de dos kilómetros de las posiciones nacionales.(25) 
        La imagen aérea fue tomada por la aviación republicana en un vuelo de reconocimiento el día 7 de noviembre de 1938, posiblemente mientras regresaban a su zona tras bombardear la vecina localidad de Cabra.(26)
        El plano, a escala 1:5.000, fue realizado por el Servicio de Ingenieros de la 31 División del Ejército Nacional el 10 de agosto de 1937 con objeto de ver la situación real y las necesidades de sus posiciones en ese sub-sector del frente.(27)

   

    

        Dos meses después se produjo el segundo bombardeo aéreo sobre Luque, concretamente el 22 de febrero de 1937, y al igual que sucede con el anterior, no es posible fijar dónde se produjo con exactitud y cuáles fueron sus efectos.(28) En cualquier caso, la acción se produjo, y tuvo lugar, como parte de los ataques que los republicanos lanzaron en todos los frentes de Córdoba a lo largo del mes de febrero de 1937 con objeto de distraer a las tropas nacionales de su avance hacia Málaga. Entre aquellos ataques de distracción estuvieron dos que partieron desde Alcaudete (Jaén), uno a principios de mes y otro a finales, sobre los sectores cordobeses de Almedinilla, Fuente Tójar y Zamoranos (Priego de Córdoba), estando esta última localidad limítrofe con Luque y defendida en su flanco occidental desde  posiciones luqueñas situadas en la Loma Juan Mateo, el Cortijo Cruz, el Cortijo de Las Vistas, el Cortijo de El Romeral, Fuente Alhama, y sobre todo desde el Cerro Custodio y el Cortijo de Los Palominos que estaban a escasos tres kilómetros de Zamoranos y con la que conectaban visualmente y en posición de dominio, razón por la que quizás fueron el objetivo de aquel ataque aéreo.(29)          
        Aquellos ataques republicanos en el sector Luque-Priego no sirvieron para nada, pues no evitaron la caída de Málaga, y tampoco permitieron a los atacantes arrebatar, de forma permanente, ninguna posición a los nacionales.

      

       Posteriormente se produjo otro bombardeo el día 4 de octubre de 1937 según la Agence Espagne, cuyo corresponsal en Valencia remitió aquel día a su central un parte de noticias en el que afirmaba que la aviación republicana había bombardeado las rutas de La Caleta a Lomares (Málaga) y de Alcalá la Real a Almedinilla, así como Luque, Cabra y la estación de Baena.(31)
        Al igual que en los casos anteriores, aún no se dispone de más información al respecto, y sólo a partir de la escueta noticia de ese parte informativo, se puede sospechar que el ataque se produjo sobre alguna infraestructura de comunicación, y quizás, como en el caso de la vecina Baena, se trató de la estación de ferrocarril. 
        Pero no sólo la aviación republicana llevó a cabo ataques sobre tierras de esta localidad cordobesa, sino que también lo hizo la aviación nacional. Así, durante la rectificación de líneas que el ejército franquista llevó a cabo el 27 de mayo de 1938 en el Subsector Luque-Zamoranos, utilizaron la aviación contra la posición republicana del cerro de Caldera y otros del subsector “a fin de efectuar preparación maciza en unión de artillería para facilitar el asalto.”  Se trataba de puntos estratégicos que controlaban el acceso a un par de vados naturales del río Guadajoz, así como al denominado Puente de Hierro o puente del ferrocarril sobre dicho río, y finalmente al puente del río San Juan pues salvando este río se conectaba Luque (Córdoba) con Alcaudete (Jaén), los cuales dicho sea de paso, aunque no habían sido volados por los republicanos, tenían cargas explosivas colocadas y en caso de retirada republicana, debían ser destruidos.(32)
        Y avanzando el año 1938, llegamos a noviembre. En este mes tuvieron lugar dos ataques aéreos en Luque, uno republicano el día 8 y otro nacional el día 30, siendo el primero de ellos del que mayor información se conserva. Veamos que ocurrió:(34)

  

         Entre el 27 de julio y el 16 de noviembre de 1938 la República lanzó una gran ofensiva que se conoce con el nombre de Batalla del Ebro. Comenzó de forma exitosa para los republicanos que en una maniobra excepcional cruzaron el Ebro por Mequinenza y se adentraron en zona nacional. Para ser frenados, Franco concentró allí, entre otras tropas, a la mayor parte de sus fuerzas aéreas que se hicieron con el control de aquellos cielos y consiguieron, además de frenar el avance republicano, cortar sus líneas de suministros, especialmente a partir de la destrucción de los puentes y pasarelas que los republicanos controlaban en el río Ebro. Los republicanos, sin embargo, no concentraron tantas fuerzas aéreas en la zona, lo que les permitió gozar de cierta superioridad en otros frentes y lanzar ataques de distracción. A finales de octubre la suerte de aquella batalla estaba prácticamente echada y las tropas republicanas, detenidas, iban a sufrir los efectos de una contraofensiva franquista que los iba a devolver,  derrotados, a sus posiciones iniciales al otro lado del Ebro.(35)
        En aquel contexto, ambos bandos realizaron operaciones de distracción para evitar que el contrario enviase más tropas a aquella batalla, aliviar la intensidad de los ataques enemigos, etc. En ese sentido, el Ejército Popular lanzó en septiembre un duro ataque por Villafranca (Córdoba) apoyado por otros de menor intensidad en Villa del Río y Valenzuela (Córdoba), que perseguía la conquista de la capital cordobesa. Se saldó con un rotundo fracaso, pues no distrajo al Ejército Franquista concentrado en el Ebro y tampoco ocupó Córdoba, pero sí es cierto que obligó a los franquistas a tener algo más en cuenta a aquel sector. Así, el día 23 de octubre el Estado Mayor de la 21ª División del Ejército Popular recibió del Servicio de Inteligencia noticias de la concentración de tropas enemigas en la zona Baena-Luque-Priego de Córdoba, y ante ello, ordenaba reforzar las posiciones del Cerro de Calderilla (Luque), Vizcanta, etc., y se ordenaba el envío de refuerzos a la 76ª Brigada Mixta que defendía aquellas posiciones. En los días 1 y 2 de noviembre,  tras descartarse la amenaza, aquellas tropas volvieron a sus emplazamientos iniciales, algunos de ellos en Alcaudete (Jaén), donde serían bombardeadas y ametralladas por la aviación franquista en los días 3 y 4 de aquel mes.(36)
        Paralelamente a aquellos hechos, el Ejército Popular había empezado a preparar la ofensiva de Peñarroya-Valsequillo que pretendía avanzar hacia Portugal cortando en dos la zona franquista. Se trataba de una idea que se había barajado desde el principio de la guerra, pero que no se había tomado en serio. El  llamado Plan “P” diseñando por el general Vicente Rojo, pretendía ahora además, aliviar la presión franquista que se cernía sobre Cataluña. Se trataba de realizar un ataque por la zona de Granada, un desembarco en Motril, el ataque principal por el norte de Córdoba y finalmente un ataque completo por la zona Centro.(37) Para preparar las operaciones, reconocer los frentes, sondear al enemigo y distraer su atención sobre posibles objetivos, se lanzó una campaña de operaciones aéreas que incluyó numerosos bombardeos por todo aquel extenso frente. Las localidades de Motril en Granada, Porcuna en Jaén y, al menos, Peñarroya-Pueblonuevo, Belmez, Espiel, Córdoba, Aguilar de la Frontera, Baena, Cabra, Nueva Carteya, Carcabuey, Albendín y Luque en la provincia de Córdoba, fueron bombardeadas una o varias veces en los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1938, hasta que el 5 de enero de 1939 se inició la citada ofensiva.(38)
Por su parte, la aviación franquista respondió bombardeando y ametrallando numerosas localidades y posiciones republicanas situadas en este frente. Una o varias veces atacaron Alcaudete, Martos, Porcuna o Arjonilla en la provincia de Jaén, y El Viso, Alcaracejos, Pozoblanco, Hinojosa del Duque, Valsequillo y las posiciones republicanas de Luque en la de Córdoba, durante aquel otoño.(39)
        Merece la pena destacar entre aquellos ataques, por sus consecuencias y su cercanía a Luque, el bombardeo republicano de Baena del 28 de octubre y el de Cabra del 7 de noviembre. En ambos casos, y como era algo habitual en los dos bandos desde el comienzo de la guerra, se bombardeó la población, por lo que la inmensa mayoría de los 12 muertos que se produjeron en Baena y los 111 de Cabra, fueron civiles, y ello pese a existir tropas concentradas en ambas localidades.(40) En este sentido, el Diario de Operaciones de la 34ª División, III Cuerpo de Ejército Nacional correspondiente a noviembre de 1938 recoge que, al menos desde el 1 de noviembre de 1938 estaba destinada en Baena la 22 Compañía de Zapadores y el Primer Batallón de la Bandera de  FET de Huelva  como batallón de reserva del Segundo Regimiento, cuyos otros tres batallones estaban destinados en aquella línea de frente Baena-Luque. El Primer Regimiento de aquella  34ª División estaba en la zona de Valenzuela y el Tercer Regimiento en la de Alcalá la Real. En el caso de Cabra, dicho documento establece que allí se concentraba, al menos, la 34ª Compañía de Transmisiones, la 34ª Compañía de Automovilismo y el Batallón de Trabajadores nº 37 que poco después sería destinado a Baena. Ese mismo documento aclara que “A partir de las 0 horas del día 1 de Noviembre el Cuartel General de la 34 División se localizará en Cabra, y en esta misma localidad se situaron los Puestos de Mando de los Comandantes Principales de Artillería e Ingenieros.” Además, en las inmediaciones de Luque habría que emplazar artillería desde ese mismo día, según dicho Diario de Operaciones.(41)
        El mismo escrito deja constancia de cómo los primeros días de noviembre transcurrieron con cierta tranquilidad en aquel sector, pero al llegar al día 7 sostiene: “Actividad de la Aviación Enemiga. 9 aparatos han bombardeado esta Plaza a las 7:30 horas arrojando 12 bombas…” La Plaza es Cabra, donde se situaba el Cuartel General de la 34ª División Nacional.
        Al día siguiente, se produjo el traslado a la Plaza de Luque del Teniente Coronel Jefe de la Infantería Divisionaria, donde quedó su Cuartel General hasta el día 15 que se trasladó a Baena. Aquel hecho coincidió con un bombardeo aéreo que la aviación republicana realizó sobre esta localidad y la vecina de Albendín (Baena –Córdoba-). Allí, el bombardeo causó heridas a un soldado perteneciente al 2º Batallón FET de Cádiz, mientras que en Luque murió un paisano, y además, un soldado del 12º Batallón de Pavía, dos civiles y una niña, eran heridos según el documento antes aludido, el cual, como se aprecia, hace referencia a otros dos batallones de tropas destinados en la zona Baena-Luque.(42)
        La respuesta de los nacionales en aquel sector tardó en llegar unos días, pero ya desde el 17 de noviembre, su aviación bombardeaba y ametrallaba las posiciones republicanas al otro lado del frente, concretamente en Arjonilla (Jaén). Al día siguiente hacía lo mismo en Porcuna (Jaén), el 23 repetían el ataque sobre Arjonilla, el 26 le tocó el turno a Alcaudete, el 27 atacaron la carretera de Martos a Alcaudete y ambas localidades, las cuales, también fueron bombardeadas el día 30 de noviembre y en varias ocasiones más en los meses siguientes. Finalmente, aquel 30 de noviembre también bombardeó y ametralló la aviación nacional las posiciones republicanas del Cerro de Calderilla (Luque), Vizcanta (Almedinilla), etc.(43)      
 
 

        Pero éstos, no fueron sólo ataques de represalia por aquellos bombardeos republicanos, o los que éstos mismos lanzaron el día 28 sobre Nueva Carteya y el 30 sobre Carcabuey, éste último media hora después del ataque nacional sobre posiciones republicanas en Luque, sino que respondían también al contenido de un informe del S.I.P.M (Servicio de Información y Policía Militar) que afirmaba y detallaba al Cuartel General de la 34ª División (Cabra) la concentración de tropas enemigas en Noguerones, Martos, Alcaudete, etc., y que al parecer tenían como objetivo atacar desde el puente de Baena hasta Valenzuela. Junto al informe también llegaba la orden de “resistir a todo trance” sin ceder un palmo de terreno, y se le notificaba el envío de refuerzos, exactamente se mandó a Luque el 8º Tabor de Regulares de Alhucemas y se daba orden de trasladar el Primer Tabor de Regulares de Alhucemas nº 5 desde la Plaza de Carcabuey a la de Luque. También habían llegado otras fuerzas a las Plazas de Cabra y Baena desde el día 25, a las que se sumó como apoyo, en trabajos de fortificación, el 103 Batallón de Trabajadores. Así mismo, se ordenaba que “todas las unidades llevasen jalones para señalar a la Aviación las posiciones ocupadas una vez se averigüe la naturaleza del avión.”(45)
         Pero, y centrándonos en Luque, ¿qué ocurrió exactamente aquel 8 de noviembre? Según un informe de la Segunda Sección de Estado Mayor del Ejército del Sur (Ejército Nacional), 18  aviones biplanos monomotores bombardearon Albendín y Luque, causando un total de cuatro víctimas.(46) El parte de operaciones del día 8 de noviembre de 1938 de la Jefatura de las Fuerzas Aéreas Centro-Sur, 3ª Sección de Estado Mayor  (Ejército Republicano) indica que a las 7:38 horas despegaron 9 L.N., que a las 8:55 horas bombardearon la Estación y el pueblo de Luque, y especifica que las explosiones se produjeron  en la estación de ferrocarril que quedó incendiada, también al N.W. W y S del pueblo. Y así mismo, informaba de la existencia de fortificaciones en la cota 410 situada a 3,500 kilómetros al este. A la misma vez, otros 9 aparatos atacaron Albendín.(47)
     Sobre el mismo hecho, el Boletín de Información de la Región Aérea Sur nº 633 (Ejército Nacional), indica que se produjo el bombardeo a las 8:10 horas, tratándose de 18 aparatos  biplanos monomotores que bombardearon los pueblos de Albendín y Luque (nueve cada uno de ellos), ocasionando en el primero de ellos un muerto civil, y en el segundo dos heridos civiles y averías en las líneas férrea y telefónica. También especifica que en Albendín arrojaron 15 bombas, de las que cuatro cayeron dentro del pueblo y sólo tres explotaron, y que en Luque arrojaron entre 40 y 50 bombas, cayendo una en la estación de ferrocarril.(48)
       Según Patricio Hidalgo Luque, en aquel bombardeo resultó herida en la estación de Luque la niña Carmen Villalobos Torres, y el Capataz de Vías y Obras Manuel Llamas Ruiz. Según Isidoro Sánchez, el civil que murió en Luque fue Joaquín Gómez Poyato, un agricultor que se encontraba trabajando en el campo, concretamente en el lugar conocido como El Terrado, a las afueras del pueblo.(49)
      El servicio fue ejecutado por la 1ª Escuadrilla del Grupo 30 de las Fuerzas Aéreas del Ejército Popular, que en aquel momento dirigían el teniente José González Gómez y el capitán José María del Romero, como jefe de escuadrilla el primero y de grupo el segundo, y que estaba constituida por los bombarderos ligeros Polikarpov RZ o Natachas que operaban en aquellas fechas desde Valdepeñas. El ataque se produjo desde una altitud de 3.600 metros. Así mismo, dicha misión fue fotografiada, desde el aparato que pilotaba el Sargento Cachavera, por el Teniente Nita, obteniendo unos buenos resultados, para escala cartográfica 1:50.000, de la hoja 967 del mapa cartográfico peninsular.(50)
        Los aviones fueron detectados por el Servicio de Antiaeronáutica de la Jefatura del Aire de la Región Sur (Ejército Nacional) a las 7:55 horas desde Porcuna y Priego de Córdoba. Se trataba de dos escuadrillas formadas cada una por nueve aparatos, una procedente de la zona de Andújar y la otra del sector de Alcalá la Real, y en ambos casos se pensó que se dirigían a Córdoba. Dos minutos más tarde fueron escuchados desde Luque, pero allí pensaron que bombardeaban Baena,  sin embargo, poco después las bombas caían sobre el pueblo. Se trató de un bombardeo rápido y realizado en una sola pasada. Aquellos nueve aviones, desde la zona de Priego-Carcabuey cruzaron la Sierra de Cabra y aparecieron al norte de la misma entre las poblaciones de Doña Mencía y Zuheros, girando al instante hacia el este en busca de la estación de ferrocarril de Luque. A lo largo de su recorrido fueron fotografiando las vías de comunicación, la localidad de Zuheros, etc., hasta llegar a la altura del cortijo de Peñillas cuyos atrincheramientos también fueron fotografiados. En ese momento viraron hacia el sur y volando en formación iniciaron el bombardeo sobre la próxima estación de ferrocarril de Luque, la cual fue alcanzada con éxito por varias bombas que impactaron en su explanada delantera, el propio edificio, su apeadero y las vías. A la cola de la formación, uno de los aparatos fue fotografiando la escena a la par que también dejaba caer sus bombas sobre el objetivo, aunque con escaso éxito. Sin variar el rumbo alcanzaron la localidad de Luque donde  lanzaron varias bombas a las afueras del pueblo; al oeste, en el lugar llamado El Terrado, y al este, entre el camino de la Fuenseca y el del Puente del Horcajo. El pueblo no era el objetivo y aquellas bombas sólo perseguían infundir miedo a la población y las tropas existentes en la localidad o en las diferentes posiciones que la guarnecían (Algarrogo-Terrado, Casilla Valera, San Jorge, Castillo, etc.), sin embargo, la mala suerte hizo que un agricultor fuese alcanzado y falleciese.(52) Acto seguido, giraron en redondo y sobrevolando las cercanías de la estación de ferrocarril de Luque se dirigieron al encuentro de la otra escuadrilla que a la misma hora efectuó un bombardeo sobre Albendín, y ya a las 8:05 (según el horario nacional y las 9:05 de la zona republicana) las dos escuadrillas se unieron a la altura del Doncellar (Albendín) donde fueron vistos los 18 aparatos en dirección a Martos.(53)
         Como puede verse en el croquis realizado por el Servicio de Antiaeronáutica de la Región Sur del Ejército Nacional, éstos erraron al establecer el recorrido exacto de la escuadrilla dirigida por el mayor José González Gómez, pues obviaron su paso por Zuheros y el viraje que realizaron alrededor de la estación de ferrocarril de Luque, cuyas defensas de primera línea de frente fotografiaron a la par que la bombardeaban, y sólo después se dirigieron a Luque arrojando algunas bombas en su periferia al mismo tiempo que fotografían sus defensas y giraban en redondo.  En resumen, la operación permitió a las FARE tener una información bastante exacta de las defensas que los nacionales tenían alrededor de Luque y su estación de ferrocarril, y lo mismo hicieron en Albendín; se estaba estudiando esta zona del frente como posible vía de penetración en la zona nacional en un futuro ataque.

     

        Las fotografías que tomó el teniente Nita y el calco de la operación realizado por las FARE no dejan lugar a dudas de cómo fue el ataque, dónde cayeron las bombas y que posiciones nacionales fueron detectadas. Así, en la siguiente imagen, identificadas con el número 1 pueden verse tres pares de bombas cayendo, con los números 2 y 3 se señalan los impactos de las bombas en la estación y sus cercanías, y por último, con el número 4 se marca la ubicación de las trincheras en “El Alamillo”, las cuales, unos meses después serán fortificadas y reconvertidas en búnkeres de hormigón armado tal y como se aprecia en las imágenes siguientes.

    

        La formación continuó su misión de bombardeo arrojando unas docenas de bombas que cayeron pasada la estación en dirección a Luque y próximas al camino del Pozo Cortés y la Casilla del Portazguillo. En la imagen pueden verse dichos impactos señalados con el número 2 y el pueblo de Luque con el número 1.

    
               


       

                

    
        Sin duda los estruendos de las bombas se escucharon desde el pueblo, pero tal y como recogieron los informes militares, se pensó que el bombardeo se estaba produciendo en Baena. Pronto descubrieron la realidad, y ello, sin que los puntos de observación situados en los cerros de San Jorge, El Castillo o el Tajo del Algarrobo pudiesen dar la voz de alarma. Sólo cuando las bombas cayeron a las afueras del pueblo,  junto al camino del Puente del Horcajo o Fuenseca, se escucharon los motores de los aviones y los silbidos de las bombas que iban a caer en El Terrado, y se vieron los aviones sobrevolando el pueblo, fueron conscientes sus vecinos de que estaban siendo atacados. 

                   

        Sin embargo, la población en sí no fue atacada. Los objetivos eran otros; atacar la estación de ferrocarril y otras vías de comunicación,  localizar las posiciones de las unidades militares, sus atrincheramientos y fortificaciones, y por último, y esto parece evidente a tenor de donde arrojaron las bombas, infundir miedo sin causar una masacre.
Pero tal y como ya se ha dicho, hubo víctimas. Era previsible que se produjeran en la estación, y de hecho, se produjeron, pero sólo dos, lo que resulta extraño habida cuenta de que la estación estaba concurrida, el ataque los pilló  por sorpresa y en ella hicieron impacto numerosos proyectiles. Y al contrario, no parecía probable que se produjesen víctimas bombardeando las afueras del pueblo, y sin embargo un agricultor resultó muerto en el lugar de El Terrado que las FARE señalaron con el número 2 en la siguiente imagen. En la misma también se identificaron  con el número 3 unos atrincheramientos en las proximidades de la Casilla Valera y junto al Camino de Santa Lucía, las cuales tenían como misión controlar el acceso a la población desde el sur y suroeste por los caminos de la Fuente de la Reina (9), el Prado de Pomar (10), Santa Lucía (8) o Los Cagilones (4). Por último, también se indicaron los caminos de Marbella (7) y El Atajuelo (6) que eran vigilados desde el Cerro del Moro Colgado que no aparece en estas imágenes, aunque sí en otras que se tomaron en esa operación.

                       

                  

       Aquel bombardeo, y los que tuvieron lugar en los días previos y posteriores en la zona, tanto de una parte como de otra, y el miedo a que se repitiesen o a que el enemigo tomase represalias, hizo que la jerarquía militar ordenase la construcción de refugios antiaéreos. El propio Generalísimo cursó dicha orden el 30 de noviembre de 1938 al Jefe del Ejército del Sur, especificando que debía llevarse a cabo “la construcción refugios antiaéreos para la población civil en todos aquellos pueblos donde haya tropas, depósitos de municiones o de víveres, abastecimientos militares, etc., principalmente en los próximos al frente.” Y éste, a su vez, cursó la orden al Coronel Jefe de la 34ª División con Cuartel General en Cabra (Córdoba), que dio traslado de la orden, el día 11 de diciembre, al Comandante Principal de Ingenieros de su División, solicitándole el día 23 del mismo mes que “a fin de que los refugios a que el mismo se refiere tengan la solidez debida y puedan ejecutarse bajo control de personal técnico…, me sean facilitados diseños de refugios para 100 y 50 personas…” aunque no tuvo mucho éxito, pues el día 16 de enero de 1939, casi un mes después, volvía a reiterar su petición, la cual no sería atendida con la Comandancia de Ingenieros hasta tres días más tarde en que le enviaron varios  “croquis de abrigo blindado” y solicitaron que se comunicase a dicha Comandancia el comienzo de la construcción de cada refugio para que designasen un oficial que dirigiese técnicamente la obra.(57)
        Dicha orden tuvo como destino a las autoridades civiles y militares, encargándose a las primeras la ejecución de los mismos. En el caso de Luque,  entre la documentación conservada en el Archivo Histórico Municipal, existe una minuta de pleno del día cinco de enero de 1939 que recoge las disposiciones dadas por el Gobernador Civil referentes a la construcción de refugios contra la aviación. Y debieron de tenerse en cuenta, pues, del día 26 de enero se conserva otra minuta  que recoge una cuenta presentada al Ayuntamiento por Manuel Martos Malagón de jornales realizados en la construcción de  refugios, aunque quizás no se ejecutaron de la manera apropiada, pues días más tarde, exactamente el dos de febrero, recibió el consistorio un telegrama postal del Coronel Jefe de la 34 División en el que se especificaba cómo debían de construirse los refugios e incluso acompañaba sus instrucciones de un diseño.(58)

                        

        Además, parece ser que las autoridades civiles y militares recomendaron a la ciudadanía que hicieran lo posible por buscar o construir refugios particulares, pues los medios con que contaban hacían imposible que se pudiese atender a toda la población. En este sentido, sabemos, gracias a testimonios orales transmitidos de generación en generación, que para tales fines se acondicionaron las cuevas del adarve de la calle Villalba, la de la calle La Cueva, las de la Campanilla, la Cueva de la Encantada, el Aljibe de El Pilar y algunas bodegas-sótano como  las de la calle Alta y otras excavadas en patios como la que se ve en la imagen y que se corresponde con una vivienda particular de la calle El Paredón.(59) 

                  

       Y pese a que pudiera pensarse que eran muchos refugios, lo cierto es que no cubrían ni de lejos las necesidades reales de la población en caso de que se produjese un ataque directo contra la misma. Sin embargo, no llegaría a comprobarse este extremo, pues parece ser que no volvió a producirse ningún ataque aéreo más sobre Luque en lo que quedaba de guerra.

        He pretendido con este artículo señalar la importancia de continuar con las investigaciones sobre tan luctuosos acontecimientos que continúan aportando datos concretos al conocimiento general de la Guerra Civil española.



- (1) HIDALGO LUQUE, P.: La Guerra Civil en Córdoba. Los bombardeos aéreos sobre la capital (1936-1939). Ed. Almuzara,   Córdoba, 2013, p. 29.
- (2) HERRARA ALONSO, E.: “1913: La Aviación en Guerra”. Revista de Aeronáutica y Astronáutica. Nº 570, junio 1988, p. 647.
- (3) HIDALGO LUQUE, P.: La Guerra Civil en Córdoba. Los bombardeos aéreos sobre la capital (1936-1939). Ed. Almuzara,   Córdoba, 2013, p. 30.
- (4) THOMAS, H.: “La Guerra Civil española (1936-1939)”. En Diario 16, Tomo I, Capítulo15, Madrid, 1976,  pp. 245, 313 y ss.
- (5) THOMAS, H.: “La Guerra Civil española (1936-1939)”. En Diario 16, Tomo I, Capítulo15, Madrid, 1976,  pp. 313 y ss.
- (6) MORENO GÓMEZ, F.: La República y la Guerra Civil en Córdoba (I). Ed. Excmo. Ayuntamiento de Córdoba, 1982, pp. 406 y ss.
- (7) Ibídem, pp. 435, 538, 548, 557, 587, 646 y 647.
- (8) MORENO GÓMEZ, F.: Trincheras de la República, 1937-1939. Ed. El Páramo, Córdoba, 2013, p. 51 y ss.
- (9) Archivo Histórico Municipal de Luque (en adelante AHML). Actas capitulares, C. 183, actas del 19/07/1936 y   19/10/1936.   SÁNCHEZ BAENA, I.: “La Guerra Civil en Luque”. En Luque Estudios Históricos. Ed. Ayuntamiento de Luque   y   Diputación de   Córdoba, 1991, pp. 157-175.  GIL HONDUVILLA, J.: Militares y sublevación. Córdoba y provincia   1936.   Muñoz Moya Editores,   Brenes (Sevilla), 2012, p. 167.
- (10) FERNÁNDEZ GARCÍA, J. R.: “Los bombardeos de Baena y Cabra de otoño de 1938 (I y II). Revista ARES, Año 5,   nº 26 y    27, 2012, pp. 20-25 y 30-37. ARRABAL MAIZ, A.: El bombardeo de Cabra. El Guernica de la Subbética. Ed.   Sarriá, 2012.
- (11) HIDALGO LUQUE, P.: La Guerra Civil en Córdoba. Los bombardeos aéreos sobre la capital (1936-1939). Ed.   Almuzara,   Córdoba, 2013, pp. 39-46.
- (12) Ibídem.
- (13) Ibídem, pp. 62, 77, 79, 90 y 92.
- (14) Ibídem, pp. 105 y 107.
- (15) Ibídem, pp.111-125. SÁNCHEZ TOSTADO, L. M.: Víctimas. Jaén en guerra (1936-1939). Ayuntamiento de Jaén, 2005, pp.   224-225.
- (16) ARRABAL MAIZ, A.: El bombardeo de Cabra. El Guernica de la Subbética. Ed. Sarriá, 2012, pp. 197 y 201-204. Para    FERNÁNDEZ GARCÍA, J. R.: “Los bombardeos de Baena y Cabra de otoño de 1938 (II). Revista ARES, Año 5, nº  27, 2012, p.    33, los muertos en aquel bombardeo de Cabra fueron 111.
- (17) MORENO GÓMEZ, F.: Trincheras de la República, 1937-1939. Ed. El Páramo, Córdoba, 2013, p. 471 y ss.
- (18) HIDALGO LUQUE, P.: La Guerra Civil en Córdoba. Los bombardeos aéreos sobre la capital (1936-1939). Ed. Almuzara,    Córdoba, 2013, pp. 100 y 154.
- (19) Ibídem.
- (20)
MORENO GÓMEZ, F.: Trincheras de la República, 1937-1939. Ed. El Páramo, Córdoba, 2013, pp. 425 y 428.
- (21) Se trata de los archivos militares, que como en el caso del Archivo General Militar de Ávila, (en adelante AGMAV),  desde hace   unos años están realizando un magnífico trabajo en la divulgación de sus fondos.
- (22) Sobre este primer bombardeo aéreo efectuado sobre tierras luqueñas véase la obra anónima Bombardeos aéreos en España.   Ed. Seix Barral, 1939.
- (23)
MORENO GÓMEZ, F.: La Guerra Civil en Córdoba (1936-1939). Ed. Alpuerto, 1985, p.  THOMAS, H.: La Guerra Civil española,   Ed. Ruedo Ibérico, 1961, p. 536.
- (24) MORENO GÓMEZ, F.: Trincheras de la República, 1937-1939. Ed. El Páramo, Córdoba, 2013, p. 56. THOMAS, H.: La Guerra   Civil española, Ed. Ruedo Ibérico, 1961, p. 537 y 538.  COBO ROMERO, F.: La Guerra Civil y la represión franquista en la provincia   de Jaén (1936-1939). Ed. Excma. Diputación de Jaén, 1993, pp. 46, 47 y 258.
- (25) AGMAV, C. 1278, 45/21-23 y 43-45, C. 1282, 69/10-15, C. 2581, Cp. 206/2 y C. 918, 16, 2/4-7.
- (26) AGMAV, F. 140, 1/26.
- (27) AGMAV, C. 1278, 45/44.
- (28) “Bombardeos aéreos en España”. Ed. Seix Barral, 1939. Según Patricio Hidalgo Luque es más probable que este bombardeo   se produjese el día 25 de Febrero y no el 22 como afirma la obra anteriormente citada.
- (29)AGMAV, C. 1282, 69/10-15.
- (30) AGMAV, C. 1282, 69/15.
- (31) En Prensa Digital, Agence Espagne. Informátions Télégraphiques et Téléphoniques de Derniére Heure. Parte emitido desde   Valencia el 4 de Octubre de 1937. AGMAV, C. 1716, 112.
- (32)
AGMAV, C. 918, 9, 2/1-28 y C. 918, 13, 2/1.
- (33) AGMAV, C.1282, 69/10.
- (34) AGMAV, C. 918, 10, 2/1-10 y C. 1714, 14, 1/1-9.
- (35) SALAS LARRAZÁBAL, R.: “Génesis y actuación del Ejército Popular de la República”, en Estudios sobre la República y la   guerra civil española, Ed. Ariel, Madrid, 1985, pp. 271-275.
- (36) AGMAV, C. 1714, 14, 1/1-9 y C. 918, 10, 2/5-6. COBO ROMERO, F.: La Guerra Civil y la represión franquista en la provincia de   Jaén (1936-1939). Ed. Excma. Diputación de Jaén, 1993, pp. 46, 47 y 258. 
- (37) MORENO GÓMEZ, F.: Trincheras de la República, 1937-1939. Ed. El Páramo, Córdoba, 2013, p. 477.
- (38)
AGMAV,  C. 1714, 14,1/1-9 y C. 918, 10,2/1-10. MORENO GÓMEZ, F.: Trincheras de la República, 1937-1939. Ed. El Páramo,  Córdoba, 2013, p. 477 y ss.  COBO ROMERO, F.: La Guerra Civil y la represión franquista en la provincia de Jaén (1936-1939). Ed.   Excma. Diputación de Jaén, 1993, p. 259. ARRABAL MAIZ, A.: El bombardeo de Cabra. El Guernica de la Subbética. Ed. Sarriá,   2012, pp. 181-182.  FERNÁNDEZ GARCÍA, J. R.: “Los bombardeos de Baena y Cabra de otoño de 1938.” ARES, nº  26, 2012, p.   22 y nº 27, 2012, pp. 33-35.  SÁNCHEZ TOSTADO, L. M.: Víctimas. HIDALGO LUQUE, P.: La Guerra Civil en Córdoba. Los   bombardeos aéreos sobre la capital (1936-1939). Ed. Almuzara, Córdoba, 2013, p. 143. SALAS LARRAZABAL, J.: “Los Natacha    en la Guerra Civil”. En  Aeroplano. Revista de Historia Aeronáutica nº 30, 2012, p. 94.
- (39) Ibídem.
- (40) Véanse los magníficos trabajos realizados por ARRABAL MAIZ y FERNÁNDEZ GARCÍA, ya citados.
- (41) AGMAV, C. 1714, 14.
- (42) Archivo Histórico de las Fuerzas Aéreas (AHEA). Sig. A 12944, A 168, A 378 y A 105. Archivo Intermedio  Militar Sur (AIMS),   C. 5361, Carpeta 1, Boletín nº 131-B. AGMAV, C. 1714, 14
- (43) ARRABAL MAIZ, A.: El bombardeo de Cabra. El Guernica de la Subbética. Ed. Sarriá, 2012, pp. 181-182.  FERNÁNDEZ   GARCÍA, J. R.: “Los bombardeos de Baena y Cabra de otoño de 1938.” ARES, nº 27, 2012, p. 34. 
- (44) Imagen procedente del visor Iberpix del Instituto Geográfico Nacional: www.ign.es/iberpix/visoriberpix/visorign.html
- (45) AGMAV, C. 1714, 14,1/6-8
- (46) AIMS, C. 5361, Carpeta 1, Boletín nº 131. AHEA, Signatura A12944. AGMAV, C. 1714, 14, 1.
- (47) AHEA, Signatura, A168. AGMAV, C. 918, 10, 2 y AGMA, F. 203, 3/75.
- (48) AHEA, Signatura, A179 y A105.
- (49) Según información que amablemente me facilitó Patricio Hidalgo. También en SÁNCHEZ BAENA, I.: “La Guerra Civil en   Luque”, en Luque Estudios Históricos, Ayuntamiento de Luque, 1991, p. 175.
- (50) SALAS LARRAZABAL, J.: “Los Natacha en la Guerra Civil”. En  Aeroplano. Revista de Historia Aeronáutica nº 30, 2012, p. 91.   VVAA.: Aviadores de la República. Madrid, 2011, p.35. MADARIAGA FERNANDEZ, R de.: “Apuntes para la historia de los   Natachas”  Aeroplano. Revista de Historia Aeronáutica, nº 23, 2005,  p.54.
   AGMAV, F. 203, 3/75.

- (51) SALAS LARRAZABAL, J.: “Los Natacha en la Guerra Civil”. En  Aeroplano. Revista de Historia Aeronáutica nº 30, 2012, p. 87.
- (52) AHEA, Signatura A105 y A2066.
- (53) Ibídem.
- (54) MADARIAGA FERNANDEZ, R de.: “Apuntes para la historia de los Natachas”  Aeroplano. Revista de Historia Aeronáutica, nº   23, 2005,  p.54.

- (55) Ibídem.
- (56) AGMAV, F. 203, 3/75.
- (57) AGMAV. C, 1716, 21, 1/1-1/5.
- (58) AHML. Minutas de Plenos, C.184.
- (59) Testimonios orales de D. José Serrano Toledo y Dª Filomena López Ontiveros que a su vez los recibieron de sus padres.

 
 
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